Las finanzas sostenibles se adentran en una nueva etapa

Julián Romero Zarco
Julián Romero Zarco

Cuando hace sólo unos pocos meses reflexionábamos sobre la idea de elaborar este informe acerca del estado de las Finanzas Sostenibles en nuestro país, no sospechábamos alguno de los acontecimientos que estaban por llegar, especialmente en la segunda parte del año, y que han provocado un notable cambio en el devenir de las finanzas sostenibles y, con toda seguridad, en la velocidad con que los acontecimientos se desencadenarán.

Unos eran más previsibles, como la entrega de los documentos que el TEG de la Comisión Europea se había emplazado a entregar. Otros lo eran menos. Desde el mundo de la ciencia llegaba la contundencia de los últimos informes del IPCC, la noticia de crecimiento global en el nivel de emisiones de GEI un año más. Y desde los mercados financieros nos llegaban  los nuevos desarrollos en el mercado financiero, especialmente, a través de los bonos de transición y aquellos ligados a desempeños sostenibles.

“Caos controlado”

Todas estas realidades, novedades y la velocidad con la que se desencadenan hace difícil prever cuál van a ser los derroteros de las finanzas sostenibles, que probablemente se desenvolverán en un relativo estado de “caos controlado”, hasta que efectivamente la regulación esté implementada.

Esta nueva etapa en la que nos adentramos, que en muchos rasgos se asemejaría a la adolescencia, fundamentada en un proceso de descubrimiento y experimentación de nuevas fórmulas, donde incluimos las continuas novedades e interpretaciones en la asunción de criterios ESG por parte de los inversores institucionales,  la evolución de la sensibilidad de la demanda final que  a su vez modela y retroalimenta esos criterios, etc. En fin, nos enfrentamos a retos en los cuales el consenso está todavía por llegar.

En ese estado, sin duda más inestable del que teníamos en años previos, donde mandaba la gobernanza impuesta y establecida en 2014 por los Green Bond Principles, es desde donde comenzamos lo que podemos avanzar el primer Informe Anual sobre el estado de la Finanzas Sostenibles en España.

En este sentido, la primera reflexión a subrayar  tras su lectura es su camino de normalización acercándose a los cánones de la propia estructura de la financiación en nuestro país. Esto es, fuerte predominancia de la financiación bancaria frente a los mercados de capitales. Nos encontramos con un peso del 57% en las operaciones de préstamos tanto corporativos como de proyectos, mientras la modalidad de bonos se queda en un 43%, esto compara con las cifras a nivel global que reflejan todavía una clara ventaja de los bonos, 72%, sobre los préstamos, 28%, basados en los renovados y ampliados criterios recogidos por Bloomberg. Todavía, pues,  prevemos un recorrido de acercamiento hacia lo que un reciente informe de la AEB señalaba, el 75% del total de la financiación en nuestro país es de origen bancario.

Esta estructura de preeminencia bancaria es la que sin duda explica el crecimiento de los prestamos ligados a desempeños sostenibles y que, este año, han batido por goleada a las fórmulas iniciales  basada en el uso de los fondos aplicadas a los prestamos corporativos.
Este hecho bien parece indicar un punto de inflexión en esa nueva dirección, y será, también sin duda, un punto de debate a la hora de concluir qué efectos y  qué resultados cada una de las modalidades producirá en los objetivos climáticos y sostenibles nacionales y globales.

El peso de las modalidades social y sostenible frente a la  verde es una característica diferenciadora de nuestras finanzas sostenibles

Otra característica diferenciadora de nuestras finanzas sostenibles es el peso de las modalidades social y sostenible frente a la  verde. Es el fruto del impulso que tanto el ICO, como las comunidades autónomas han dado al desarrollo de esta fuente financiera. Es muy posible que esta característica se vea normalizada una vez que el Tesoro Español inaugure su prometido bono verde soberano. Si bien será importante conocer qué proyectos, partidas presupuestarias incluirá en su política de elegibilidad y qué potencial de crecimiento y, por tanto, de liquidez pueden ofrecer.

Una última observación, al respecto del informe, es la dificultad en la obtención de datos. En este sentido, se hace imprescindible una base de datos que permita tomar decisiónes fundadas en realidades contrastadas. Es el punto de recordar que una de las grandezas de esta financiación es el propósito, propósito que lleva íntimamente adherido, y que hace de la transparencia, condición indispensable y necesaria. Razones que confirman que la mejor prueba de ese propósito y su cuantificación será su publicidad y sometimiento a verificación independiente.

El resto de las conclusiones se las dejo al lector, con la confianza de que sus críticas y comentarios nos ayude  a conseguir en última instancia la ambición de este informe, convertirlo en referente para la discusión, el debate y la toma de decisiones de la Financiación Sostenible en nuestro país, La emergencia de la situación así lo requiere.

Julián Romero es Presidente del Observatorio Español de la Financiación Sostenible (OFISO)