A vueltas con los PGE 2019

Juan Carlos Villanueva

Un Gobierno sin presupuestos es como un jardín sin flores. Por eso llevamos varios meses asistiendo a los continuos intentos del Presidente del Gobierno para dar con la tecla que le permita sacar adelante su propio proyecto de Presupuestos Generales (PGE), en este caso, para 2019, año cada vez más cercano y complicado.

Un Gobierno sin presupuestos es como un jardín sin flores

Al mismo tiempo, en apenas cinco meses se han puesto de manifiesto las carencias de Sánchez y las de su gobierno, la principal de todas ellas, precisamente, las casi insuperables dificultades para disponer de unos Presupuestos Generales propios que den soporte financiero a su programa y objetivos políticos.

Las primeras impresiones tras la negociación que el gobierno, con el auxilio de Pablo Iglesias está llevando a cabo en las últimas semanas, no auguran un desenlace favorable para la aprobación de los PGE 2019, al menos, sin que suponga un claro deterioro del esquema arquitectónico de España tal como hoy está construida.

Secretismo de las negociaciones

Aunque las negociaciones se estén llevando con alto secretismo y ello impida conocer su alcance hasta que se materialicen, hay dos contrapartidas que son ineludibles para contar con los votos de los secesionistas y nacionalistas: dejar libres a los políticos secesionistas presos (o al menos a Junqueras y algunos más), y otorgar a los nacionalistas vascos mayores fondos y algún nuevo gesto que les permita avanzar aún más en su autonomía.

Es conocida la tendencia de este gobierno a decidir precipitadamente: “ya rectificaremos, pelillos a la mar”

En las últimas semanas se especula que el actual Presidente del Gobierno estaría dispuesto a seguir en Moncloa prorrogando los Presupuestes de 2018, los de Rajoy. Sin embargo, aunque ya es conocida la tendencia de este gobierno, con su Presidente entre bambalinas, a decidir precipitadamente, sin valorar las consecuencias de todo tipo de esas decisiones, -“ya rectificaremos, pelillos a la mar”, “la gente olvida, y resistir es ganar”, parecen pensar- sería difícil, casi imposible una resistencia contra viento y marea durante casi los próximos 18 meses hasta la fecha establecida oficialmente para la próxima convocatoria electoral.

Un corsé para las promesas de Sánchez

En primer lugar, porque los PGE 2018 serían un corsé para las promesas que Sánchez ha realizado, pero, sobre todo, porque supondría dejar de lado y orillar a Podemos, que sufriría un fuerte varapalo en sus aspiraciones de co-gobierno, después de no haber sido capaz de lograr el apoyo de nacionalistas y separatistas para aprobar los presupuestos. Y esa circunstancia llevaría consigo una actitud muy distinta respecto del Gobierno del que, sin duda, se distanciaría, dejando a Sánchez prácticamente desnudo con sus 85 diputados.

A la vista de todo ello, a los más avisados no les preocupa esta discusión; han pasado a otro escenario, el del adelanto electoral y comienzan a a moverse y resituarse en él. Los partidos políticos, de cara a la preparación de sus campañas; los empresarios, los grupos sociales y los ciudadanos, para tratar de averiguar cuales podrían ser los resultados y las consecuencia que uno u otro resultado electoral podría tener para su futuro.

Sin la posibilidad de unos presupuestos “made in Sánchez”, queda saber la fecha de unas elecciones anticipadas

Por eso, la incógnita principal en estos momentos, abandonada casi totalmente la posibilidad de unos presupuestos “made in Sánchez”, sería la del momento o la fecha en que pudieran celebrarse las elecciones anticipadas.

Los factores que lo determinarán están ya sobre la mesa, aparte de la mas que probable fracaso de la aprobación de los PGE 2019 y serían, principalmente, la deriva que está tomado de nuevo lo referente a Cataluña, no sólo por la falta de apoyo de los partidos secesionistas para los presupuestos sino por la conflictividad política y social hacia la que parece encaminarse esa Comunidad Autónoma; la endeblez y fragilidad de un gobierno con demasiados ministros tocados o abrasados, por mucho que Sanchez trate de sostenerlos “sine die”; y una percepción, que puede incluso agudizarse, de un deterioro del clima económico y laboral.

Juan Carlos Villanueva es Editor de Guía de la Financiación Empresarial