Una ascensión sin límites: vientos favorables para la inversión verde

Crece la inversión verde

Hay recelos o mitos que persisten. Pero no pueden tapar una realidad que indica que la denominada financiación verde está creciendo a un ritmo imparable.

Publicado en Invertia

Juan Carlos Villanueva

Quizá algunos siguen pensando que las finanzas e inversiones verdes y sostenibles se han convertido en uno de los ejes principales del discurso de los empresarios por razones de imagen o de marketing, sin un claro reflejo en sus decisiones. Pero la evolución de las inversiones en proyectos y activos verdes y sostenibles dicen otra cosa: que avanza a un ritmo imparable y que la sostenibilidad se está convirtiendo en un factor indispensable en las estrategias de futuro de los grandes inversores.

A lo largo de este año se han producido algunos significativos posicionamientos en este terreno por parte de líderes empresariales y financieros, como el CEO de la gestora de fondos Blackrock, Larry Fink, al pedir a los dirigentes de las empresas que tienen en su cartera un compromiso con la sociedad, adicional al resultado financiero.

También se han conocido las conclusiones de algunos estudios que revelan el cambio de actitud de empresarios e inversores, como la encuesta realizada por Morgan Stanley según la cual el 84% de los inversores por cuenta propia están decididos a invertir en proyectos sostenibles o con criterios ESG; o el estudio realizado por Mckinsey que señala que en la actualidad los criterios de sostenibilidad y buenas prácticas de gobierno están presentes en el 26% de las inversiones globales.

ALGUNOS FACTORES QUE FRENAN EL AVANCE

Es cierto que existen aún algunos factores que frenan a algunos bancos y gestores de fondos a la hora de incrementar el peso de los activos verdes en sus carteras, entre ellos el temor a que algunas de estas inversiones puedan entrar en conflicto con algunos de los estándares regulatorios internacionales o nacionales, o simplemente con normas internas de su propia organización.

También supone un obstáculo en algunos casos la creencia o la suposición de un menor retorno o rendimiento de este tipo de inversiones respecto de las convencionales.

Sin embargo, los vientos favorables son mucho más fuertes. Especialmente, la creciente demanda de los inversores finales, en el caso de los gestores de fondos, y la presión que comienza a sentirse en los órganos de gobierno de las entidades financieras y bancarias para avanzar hacia una política más decidida en la canalización de recursos financieros hacia proyectos verdes, relacionados con las energías renovables, el transporte limpio, el cuidado y tratamiento de las aguas, y un cada vez más elevado abanico de proyectos e inversiones verdes, así como la sensibilidad de la opinión publica hacía el cumplimiento de los ODS y la reducción del calentamiento global, como objetivos ineludibles para el futuro de la sociedad, muchas veces por encima de otras consideraciones empresariales o financieras.

La velocidad a la que esta tendencia se está desarrollando en los distintos países es distinta, siendo China posiblemente el país que se encuentra a la cabeza en estos momentos, con una decidida voluntad inversora para reducir las emisiones de CO2, reducción cifrada por el gobierno chino en el 18% para 2020, en paralelo con una notable mejoría de la calidad del aire de las ciudades que debería poder calificarse en esa fecha como “buena” e incluso “excelente”.

TRUMP VS LOS ESTADOS

En el otro extremo de entre las grandes potencias podría parecer que se encuentra Estados Unidos dada la enconada aversión de su presidente, Donald Trump, hacia la sostenibilidad y los compromisos que lleva asociada, quien abandonó los Acuerdos de París y no deja de mostrar su rechazo a una política federal contra el cambio climático, sino más bien al contrario, un claro apoyo a los sectores energéticos y empresariales más intensivos en la generación de carbono y gases contaminantes.

En realidad, no es así ya que buena parte de las competencias en materia de normativa medioambiental y de dotación de recursos financieros está en manos de las autoridades de los diferentes estados norteamericanos, muchos de los cuales han decidido poner pie en pared, como vulgarmente se dice, y oponerse a las medidas de Trump, o mejor dicho favorecer dentro de sus estados las decisiones e inversiones a favor de la lucha contra el cambio climático y la defensa de los proyectos medioambientales.

Así ha surgido la campaña ciudadana ‘We Are Still In’, que defiende los objetivos del acuerdo de París y que cuenta con el apoyo de más de 1.000 políticos, gobernadores, alcaldes, empresas e inversores en Estados Unidos. El estado de California con su gobernador Jerry Brown a la cabeza o el de Nueva York, Andrew Cuomo, están tomando decisiones y financiando propuestas en sentido contrario a las de Trump.

LA LÓGICA ECONÓMICA TAMBIÉN SE SUMA

La propia lógica económica se suma a los criterios y valores sociales y a la sensibilidad hacia la necesaria lucha contra el cambio climático y la presevación de los recursos naturales. Una lógica económica marcada por las numerosas oportunidades que la financiación y la inversión verde ofrece y va a ofrecer en el futuro en numerosos sectores como el de la energía, el transporte, los automóviles, los residuos, o las infraestructuras de todo tipo, incluidas las inversiones necesarias para rehabilitar las ciudades y hacerlas inteligentes y más eficientes.

Los numerosísimos proyectos e iniciativas empresariales que todo ello requiere van a movilizar un caudal de recursos financieros que, aunque varían según las distintas fuentes y quizá sea difícil establecer su real cuantía, deberá medirse en billones de euros a lo largo de las dos próximas décadas, con un horizonte inmenso de oportunidades profesionales y con la creación de cientos de miles de nuevos puestos de trabajo.

Los datos de la Agencia Internacional de la Energía correspondientes a 2016 muestran que ese año se realizó una inversión global de 297.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la producción de energías renovables, cifra que dobló la invertida en otro tipo de fuentes de energía, como las nucleares, el gas, o las más contaminantes de carbón y combustible fósiles.

Estas inversiones se están traduciendo también en una espectacular reducción del coste de la producción de energías renovables, tanto eólica como solar, hasta el punto que la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) prevé la total equiparación del coste de la generación de estas energías respecto de los combustibles fósiles ya en 2020.